Probamos para vosotros: La Forêt des Expériences en Chambost-Allières
Olvídense de los folletos turísticos edulcorados. Hace poco, nos calzamos las botas de senderismo para poner a prueba una ruta de la que se habla mucho: La Forêt des Expériences, en el bosque de la Cantinière. Diseñado para descubrir los diferentes ambientes forestales del Beaujolais, su biodiversidad y sus recursos hídricos, este recorrido se asemeja casi a un circuito de ejercicio al aire libre, pero en una versión lúdica.
Atención, no es un paseo llano: hay subidas y bajadas, a menudo por senderos anchos, pero también por caminos más estrechos y sinuosos que permiten evitar las pendientes demasiado pronunciadas. Se trata de un recorrido con un nivel de exigencia física moderado, pero accesible para muchas personas y salpicado de agradables sorpresas locales. Os lo contamos.
El paso iniciático y los primeros elementos de ejercicio al aire libre

La aventura comienza con fuerza con la primera puerta monumental, esculpida por el artista local Marc Averly. Es todo un símbolo de transición. Nada más cruzarla, el sendero desciende directamente por una pendiente: enseguida comprendemos que el recorrido no va a ser llano y que nuestras pantorrillas van a tener trabajo.
Al final de la pendiente, llegamos al primer taller: Escalar el río. Un puente de cuerda muy divertido, lo bastante bajo como para evitar cualquier sensación de vértigo, que confirma el carácter lúdico y ligeramente deportivo del lugar.

(Nota del explorador: pasamos rápidamente por el tercer taller, que no cumplió todas las expectativas, ¡para centrarnos en lo que viene a continuación!)
Sorpresas en medio de los árboles

El sendero esconde auténticas joyas que no aparecen en las guías. Primero encontraréis los restos de un majestuoso cedro del Atlas. Con sus 130 años y sus 17 metros de altura, amenazaba con caer sobre el patio del colegio Jean Moulin, en Villefranche-sur-Saône. Un artista le ha devuelto la vida aquí, transformándolo en un fascinante conjunto de esculturas.
Un poco más adelante, llega el momento de descubrir la Source de Font Froide (situada en realidad a unos 200 metros del aparcamiento de partida). Más allá de la frescura del lugar, su estructura esconde una bonita historia: fue un regalo del club de la Selva Negra de Bühl a sus amigos de Pierres Dorées en 1989. Un poderoso símbolo de amistad franco-alemana arraigado en nuestra roca.

Comenzamos la subida con el taller Explorar los árboles. El concepto oficial es un poco confuso, pero, en la práctica, se trata de una auténtica búsqueda del tesoro: nos divertimos localizando animales falsos de cartón, cuerda o paja, escondidos a lo largo del recorrido. ¡No perdáis detalle! Esta zona exige cierto esfuerzo físico y las señales a veces parecen jugar al escondite (¡nosotros nos despistamos durante un momento!).

Ganar altura antes de llegar a la charca de antaño

Al llegar a media ladera, el quinto taller (El Barco de los músicos) permite hacer una pausa muy bienvenida. Esta estructura de madera y metal resulta un poco complicada para conseguir extraer una melodía de verdad, pero sigue siendo intrigante y, en definitiva, esta pausa musical resulta muy agradable.
A continuación, afrontamos el último tramo de la subida hasta llegar al punto más alto del recorrido: Adentrarse en el paisaje. Se trata de una magnífica pasarela de madera que ofrece unas vistas espectaculares del Beaujolais verde. Allí encontramos paneles informativos sobre el papel del bosque y la historia local. Al final, la estructura forma una especie de puerta que no debemos atravesar bajo ningún concepto, ¡so pena de encontrarnos con el vacío!
Después de disfrutar de las vistas y descansar un rato en la estructura de madera del taller Oler el bosque, emprendemos el descenso. Nos encontramos con otra escultura de Marc Averly antes de llegar al taller Vive la charca. Esta pequeña charca forestal real está equipada con una especie de caleidoscopio que incorpora imágenes de animales. Un bonito guiño que despertará recuerdos de infancia en los más mayores.
El recorrido termina con una última sorpresa: una tercera y última puerta de Marc Averly, que marca el final de este viaje iniciático por el bosque.

El consuelo después del esfuerzo
¡Una ruta de ejercicio al aire libre con tantas subidas abre el apetito! Tanto si conservamos nuestra alma de niño como si hemos compartido la aventura con los más pequeños, al regresar al aparcamiento nos merecemos una recompensa gastronómica. Nuestro consejo de «montañeros»: llevad en la mochila todo lo necesario para improvisar una buena merienda o un reconfortante pícnic. Por suerte, hay mesas y bancos para ello.
Galletas artesanales locales y zumos de frutas de la región: todo lo necesario para comentar vuestras hazañas físicas y lúdicas en el bosque lo encontraréis en Epicerie-Beaujolaise.
Información práctica útil
Lugar: Bosque de la Cantinière, Chambost-Allières (69). Atención, ¡Google está bastante perdido y señala dos ubicaciones! El punto de partida se encuentra en la que figura como «definitivamente cerrado». ¡Sí, habéis leído bien!
Recorrido: Ruta circular de 3,5 km, con un perfil variado (subidas, tramos llanos y bajadas). Nivel de exigencia física moderado, por lo que resulta accesible para la mayoría. Exclusivamente a pie.
Duración: Tal como se indica al inicio, calculad unas 2 horas y 30 minutos. Así tendréis tiempo para disfrutar de las diferentes actividades.
Equipamiento: Es imprescindible llevar un buen calzado de senderismo.
Consejo del explorador: Por encima de la fuente, justo antes de llegar al ciervo, seguid el camino de la izquierda.
Acceso: Libre y gratuito. El punto de partida está en el bosque, así que circulad despacio por el camino de acceso; de todos modos, los baches frenarán rápidamente a los más imprudentes. Hay varios aparcamientos a lo largo del camino por si el del punto de partida está lleno.





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